viernes, 12 de febrero de 2016

Aquella vida injusta

Con una humeante taza de café analizo los errores de la vida, como cruzar la calle en el momento incorrecto, como marcar un numero erróneo, como hablar sin pensar, como callar en vez de lo que sientes expresar.

Hoy, me di cuenta de la inhumanidad que los seres que habitan la tierra poseen, la inhumanidad de quitar la vida y no tener siquiera el respeto de quedarse allí con aquella persona a quien le arrancaron los sueños, las esperanzas y los sentimientos.

¿Que si aquella mujer tirada en el piso tenía hijos?
¿Que si había una gran junta esperándola en el trabajo al que se dirigía?
¿Qué pasa con su esposo, quien la esperaría en casa luego del trabajo?
¿Qué pasa con ese viaje que querían hacer el fin de semana celebrando su aniversario?

Estoy harta, estoy enferma de la inhumanidad del hombre, estoy exhausta de ver la normalidad de las personas al escuchar que otra vida fue arrancada en las calles de la ciudad, estoy harta de tener que asegurarme mil veces de ver a los lados porque aún si la luz de paso está en verde puede venir un idiota y arrancarme la vida.

¿Qué pasa con las personas que han luchado por conseguir un poco de tranquilidad en sus vidas? ¿Qué pasa con aquellos que a penas pueden sobrellevar las cosas? ¿Qué pasa con esa mujer que tal vez estaba gozando de un minúsculo momento de felicidad en su agitada vida? ¿Qué pasa con ella? Ya no pasa nada, ya no pasa felicidad en su inerte rostro, ahora sus ojos vacíos no ven con amor los logros y las metas que ha alzando con esfuerzo, ya sus labios no se estiran en una sonrisa, ya sus cejas no se fruncen cuando algo le molesta, ella yace ahí inmóvil, con el miedo plasmado como su ultima emoción.

Y tal vez la vida sea ta arrolladora como aquel auto en la avenida, tal vez los golpes que ella nos da también nos tire en el asfalto y tal vez somos nosotros mismos quienes decidimos yacer inertes en el suele con el temor de volvernos a levantar.

Pero en ninguna dimensión será justo que nuestras metas, nuestra familia, nuestra felicidad, nuestros enojos, nuestra vida sea arrancada de esa forma.

Y veo como el humo de mi taza de café sube, así como ha de subir aquella pobre alma que fue exiliada de la tierra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario